La crisis económica en el Líbano debilita los apoyos de Hizbulá

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  • Una ciudadanía asfixiada reprocha a la milicia chií que malgaste sus recursos en ofensivas inútiles y costosas contra Israel y que bloqueara la formación de un gobierno para evitar la reforma de las instituciones

  • “Si Hizbulá abandona esta retórica contra Israel, perdería su razón de existir y debería enfrentarse a grandes retos en su ideología como aliado de Irán», explica Hanin Ghaddar del Washington Institute

Los murmullos se convirtieron en reproches cuando les dió la luz. La crisis económica en el Líbano ha expuesto un tabú, tras alcanzar a quiénes se veían como intocables. Las críticas a Hizbulá son parte de esta nueva realidad que embarra a todos los sectores sociales, incluso a sus propios partidarios. Instalados en su retórica contra Israel y sus alianzas con Irán, cada vez más gente ve a la milicia chií como la raíz de todos los problemas que desangran al Líbano. Dentro de la comunidad chií, crece el criticismo hacia quienes deberían protegerles.

Hace apenas un mes, durante la última escalada de violencia con Israel, un grupo de ciudadanos de las aldeas fronterizas expresaron su rabia contra los vehículos de Hizbulá que transportaban cohetes. El vídeo de un grupo de drusos se convirtió en viral, recibiendo un apoyo sin precedentes desde diferentes frentes. En un país con más de la mitad de la población bajo el umbral de la pobreza, una guerra contra el Ejército israelí sería una condena. Los libaneses reprochan a Hizbulá que malgaste recursos en operaciones militares innecesarias durante un momento tan crítico.

“Si Hizbulá abandona esta retórica contra Israel, perdería su razón de existir y debería enfrentarse a grandes retos en su ideología, como aliado de Irán”, apunta Hanin Ghaddar, experta en política chií en el levante Mediterráneo del Washington Institute. Mientras la ciudadanía libanesa apenas goza de un par de horas al día de electricidad, la milicia chií invierte sus esfuerzos en una batalla que solo le interesa a ella. Hasta la semana pasada, el Líbano llevaba más de un año sin gobierno y la mayoría de los esfuerzos para formar un nuevo Ejecutivo habían sido frustrados por Hizbulá o sus aliados. 

Contra las reformas

En lugar de impulsar reformas que permitirían la llegada de ayuda extranjera al país, Hizbulá apoya a políticos que se resisten al cambio. Aunque se la sigue viendo como el actor fiable en la lucha contra Israel, la milicia también es considerada como parte de la élite política ensuciada por la corrupción que se niega a abandonar el poder. “No querían que se formara un gobierno y que se reformen las instituciones porque eso supone menor control sobre ellas”, explica Ghaddar a EL PERIÓDICO. “Tienen la mayoría en el Parlamento, controlan al presidente y al presidente del Parlamento; Hizbulá ahora toma las decisiones en el Líbano a través de sus aliados”, añade. 

La sociedad libanesa empieza a retirarle su apoyo. “Un número cada vez mayor de libaneses se está dando cuenta de que el concepto de un estado libanés no puede coexistir con una poderosa milicia armada al servicio de un poder externo”, escribe el analista Michael Young en el Centro Carnegie de Oriente Medio. El grupo es acusado de silenciar a sus oponentes, facilitar el contrabando de combustible y productos subsidiados a la vecina Siria y alienar a países del Golfo ricos en petróleo que podrían importar al país. Además, muchas teorías insisten en la implicación de Hizbulá en la explosión en el puerto de Beirut que mató a más de 200 personas en agosto del 2020.

Petróleo de Irán

A su vez, los milicianos bajo las órdenes de Hasán Nasrala no se quedan de brazos cruzados. Haciendo uso de sus propias instituciones por las que a menudo se le critica de operar como un estado dentro de un estado, Hizbulá ha lanzado varias iniciativas. Una de ellas ha sido emitir dos tipos de tarjetas de racionamiento dirigidas a las familias pobres que viven en sus bastiones. “Les serviremos con nuestras pestañas”, reza el lema de la milicia. Por otro lado, han hecho un llamamiento a su aliado protector, el régimen iraní, para recibir combustible, cuyos precios han aumentado un 70% en las últimas semanas debido a la escasez.

El primer petrolero parece estar en camino desde Irán. Aunque el principal funcionario de energía del país ha reconocido que el gobierno libanés no ha recibido ninguna solicitud oficial para importar combustible iraní. Pero según TankerTrackers.com, un sitio que rastrea los envíos de petróleo, un primer barco está en ruta hacia el Líbano y hay dos más a punto de zarpar. Aunque sus partidarios han aplaudido esta gestión de Nasralá, pone en grave riesgo a la población libanesa.

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Washington lleva mucho tiempo imponiendo una campaña de sanciones contra Hizbulá, a la que considera una organización terrorista. El régimen de sanciones contra Irán podría salpicar a su gran aliado en el Líbano y en definitiva, quien sufriría las peores consecuencias sería el ciudadano medio. Este pequeño país mediterráneo sufre una de las peores crisis económicas desde 1850. 

Sin combustible, sin electricidad, sin reservas de moneda extranjera y sin agua, los libaneses llevan dos años siendo testigos de una devaluación de la libra libanesa que ha alcanzado el 90%. Tal vez el día que los susurros se conviertan en clamores, el pueblo libanés podrá, al fin, gozar de una vida digna.



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