España, el alumno ejemplar de Berlín

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  • Las relaciones en la era Merkel han estado inevitablemente marcadas por la gestión de la crisis del euro

En los dieciséis años que ha estado al frente de la cancillería, Angela Merkel ha visitado España en siete ocasiones, ha conocido a tres presidentes de Gobierno y su país ha mantenido, en general, unas buenas relaciones bilaterales con España. Nunca alcanzaron el estado de gracia del tándem González-Kohl, pero han superado con nota los tensos momentos de la crisis del euro. En Berlín se percibe a España como un país serio, un buen alumno que hizo correctamente los deberes para salir de la crisis. 

“A diferencia de Italia o de los países del Este, España no le ha dado a Alemania muchos quebraderos de cabeza”, resume Miguel Otero, investigador del Real Instituto Elcano. Eso no quiere decir que Berlín no haya influido en la gestión española de la crisis. Un año antes de abandonar el Palacio de La Moncloa, José Luis Rodríguez Zapatero sacudió los cimientos del PSOE al aprobar un duro paquete de recortes y modificar la Constitución para incluir límites al déficit y la deuda. 

“Merkel agradeció mucho el valor de Zapatero y la relación entre ambos fue siempre fluida y sincera”, señalan a este diario fuentes del gabinete del ex presidente. La canciller, recuerdan las mismas fuentes, hizo una “cariñosa” llamada a Zapatero cuando dejó el Gobierno en 2011 para decirle que le honraban esas medidas sabiendo que le costarían las elecciones a su partido. 

Luego, cuando en Europa se libraba la batalla de los eurobonos y Grecia hacía tambalear la unión monetaria, hubo varios momentos delicados. Lo que en Merkel es una seña de identidad –esperar antes de tomar una decisión– impacientó al entonces jefe de la diplomacia española, José Manuel García-Margallo. En enero del 2012 le reprochó “reaccionar siempre un cuarto de hora más tarde” y no haber salvado a Grecia cuando estalló la crisis.

Dos meses después, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, desafió a Bruselas (y alarmó a Berlín) al anunciar que España incumpliría ese año el déficit fijado en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PEC). 

El líder popular quería aumentar los fondos de rescate de la eurozona para tranquilizar a los mercados pero la canciller se oponía y su mensaje fue nítido: para recuperar la confianza es necesario cumplir las promesas. Finalmente, España esquivó la sanción de la Comisión Europea, el Gobierno de Rajoy se empleó a fondo en nuevos tijeretazos y regresó la calma. 

Tanto que, en el verano del 2014, Merkel y Rajoy se calzaron las deportivas para recorrer juntos un tramo final del Camino de Santiago mientras hablaban de fútbol y la diplomacia española marcaba un gol. Cenaron percebes, una fuente de pimientos de Padrón y un rodaballo “que estaba apoteósico”, según le contó el ex presidente a la periodista Ana Carbajosa, autora de ‘Angela Merkel. Crónica de una era’.

Detención de Puigdemont

A pesar de la pugna judicial, ni siquiera la decisión de la justicia alemana de negar la extradición por un delito de rebelión de Carles Puigdemont –detenido en el norte de Alemania en marzo del 2018– alteró (al menos oficialmente) la sintonía entre los dos países. “España es un Estado democrático donde existe el Estado de derecho”, repetían como un mantra en la cancillería.

De la canciller, José Manuel Albares recuerda especialmente la primera vez que acompañó a Pedro Sánchez a Berlín poco después de triunfar la moción de censura, cuando él era el ‘sherpa’ del presidente. “Nada más oírle, Merkel dijo: ¡uno que habla inglés!”, rememora. El hoy ministro de Exteriores describe la relación de Sánchez con la canciller alemana como la de “dos europeístas convencidos” que, ante los desafíos actuales, apostaron por “la unidad europea como la mejor respuesta”. 

“Alemania ha mirado poco a España, y también Madrid debería ser más proactiva”, señala el investigador del Instituto Elcano, Miguel Otero

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Quizás en la agenda económica europea las posiciones son más distantes, pero en el terreno político hay un buen entendimiento, en opinión de Miguel Otero. “Los dos países creen en la integración europea, el multilateralismo y la gobernanza global. Han compartido misiones militares en África e incluso en inmigración apuestan por una solución europea”, señala el experto del Instituto Elcano.

Sin llegar a ver a los españoles como ‘los prusianos del sur’, muchos líderes alemanes ponen a España como ejemplo de buen alumno. Aunque eso tiene una contrapartida. “Alemania ha mirado poco a España”, advierte Otero. También Madrid tendría que ser más proactiva porque, a juicio del investigador, falta “capilaridad” en la relación. Es decir, una mayor implicación de la sociedad civil.

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