El Papa pide en Eslovaquia una Europa más solidaria

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  • El Pontífice hace un llamado a la fraternidad y a la integración desde uno de los países más reacios a la acogida de refugiados

El papa Francisco aprovechó su discurso ante las autoridades de Eslovaquia, donde se encuentra de viaje tras pasar brevemente por Hungría, para pedir hoy una Europa que «se distinga por su solidaridad«, sobre todo tras la pandemia, y que vuelva a situarse en «el centro de la Historia».

Desde el corazón de la Unión Europea (UE), el pontífice destacó que «la fraternidad es lo que necesitamos para promover una integración cada vez más necesaria» durante su intervención en los jardines del Palacio presidencial, tras llegar el domingo al país.

Formado por Eslovaquia, Hungría, Polonia y la República Checa, el llamado Grupo de Visegrado se ha distinguido por sus políticas de corte xenófobo y reaccionario así como por su férrea oposición a la política migratoria europea y a la adopción de un sistema de cuotas para repartir de forma más equitativa la llegada de refugiados al continente.

«Europa libre de ideologías»

Reunido con los líderes cristianos de Eslovaquia, el pontífice les pidió esfuerzos para poder tener una «Europa libre de ideologías» y les recordó «los años de la persecución ateísta, cuando no había libertad religiosa, o esta era duramente probada».

En su discurso a los cristianos, que son el 80 por ciento de la población, de ellos el 62% católico, citó el relato del «La leyenda del gran inquisidor» de Feodor Dostoyevski donde «los hombres están dispuestos a intercambiar gustosamente su libertad por una esclavitud más cómoda, la de someterse a alguien que decida por ellos, con tal de tener pan y seguridades». Y pidió a los líderes religiosos «que no caigan en la trampa».

«¿Cómo podemos desear una Europa que vuelva a encontrar las propias raíces cristianas si somos nosotros los primeros desarraigados de la plena comunión? ¿Cómo podemos soñar una Europa libre de ideologías, si no somos libres para anteponer la valentía de Jesús a las necesidades de los distintos grupos de creyentes?», les interrogó el papa.

Desde el centro de Europa, el papa aseguró que «cálculos de conveniencia, razones históricas y vínculos políticos no pueden ser obstáculos inamovibles en nuestro camino». El papa continuó con el discurso de acogida al que ya se había referido tras la misa de Budapest y pidió a los cristianos que, aunque haya diferencias que los separen, «al menos podemos acoger juntos a Jesús sirviéndolo en los pobres«.

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«Será un signo más evocador que muchas palabras, que ayudará a la sociedad civil a comprender, especialmente en este período de sufrimiento, que sólo estando de parte de los más débiles todos saldremos en verdad de la pandemia», agregó.

Francisco, de 84 años, concluyó con este acto y una reunión con sus compañeros de la Compañía de Jesús una extenuante jornada de más de 13 horas, en la que se le ha visto en buena forma, y este lunes comenzará el día con la visita de cortesía a las autoridades del país.

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