El ‘estallido’ de información sin verificar que circula en redes durante el paro

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Las redes sociales han sido protagonistas de las protestas registradas en el país desde el 28 de abril. Gran parte de la información sobre marchas, plantones pacíficos, bloqueos, actos de vandalismo y enfrentamientos violentos ocurridos esta semana en Cali y otras ciudades se ha transmitido y conocido a través de plataformas como Facebook, Instagram, Twitter, Youtube, WhatsApp y Telegram.

Según el sociólogo docente de la Univesidad del Valle Jorge Hernández Lara, esto se debe en buena medida a que los jóvenes son mayoría en los puntos de concentración. Nativos digitales, que viven en tiempo real.

“Esta población, un contingente disponible para la protesta, es dada a la acción, está compuesta por mujeres y hombres que buscan un sentido para sus vidas, es diestra en el manejo de las nuevas tecnologías, actúa como si estuviera siempre en escena ante un público, transmite en directo lo que hace y sabe coordinar actividades al instante”, explica.

Y María Alejandra Arboleda, consultora en comunicación política, agrega que las redes sociales se convirtieron en ese espacio donde quienes quieren hacer denuncias y dar opiniones “encuentran lugar sin la limitación de una línea editorial, algo que antes de las redes no pasaba”.

No obstante, enfatiza la docente, así como la masificación de las redes sociales tiene sus pros, también tiene sus ‘lunares’: “Con la sobreexposición de contenidos puede ampliarse la incertidumbre en la gente, al no tener unos filtros de saber si efectivamente la situación ocurrió o no, lo que puede generar desinformación y aumentar la incertidumbre y los temores que ya hay”.

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Es por esto que, al igual que otros analistas, instan a la ciudadanía a evitar la sobreexposición al gran flujo de videos, audios, cartas, fotografías y demás contenidos digitales con carga violenta o explícita, que son enviados sin contexto o previa verificación, pues existe preocupación por las consecuencias a nivel emocional o psicológico que puede conllevar a las personas.

“Solo hay que ver la cantidad de personas que están pidiendo primeros auxilios psicológicos”, manifesta el psicólogo Mauricio Mina, quien sostiene que en los últimos días se ha apreciado un aumento en psicopatologías como la ansiedad o la neurosis de guerra, algo que se puede notar en las mismas redes sociales donde los mensajes de la ciudadanía dan cuenta del desánimo y la beligerancia que han despertado los contenidos que se han viralizado esta semana.

“La sobreexposición en redes sociales; que te van a matar, que te van a robar, que van a vandalizar tu negocio, está generando tal nivel de ansiedad que, o la gente está quedando en unos niveles de miedo incontrolables donde se pasman y caen en depresión y melancolía, o cogen unos grados de violencia absurdos: gente que quiere agredir a policías y gente que quiere agredir a manifestantes”, señala.

Y añade que es tal la cantidad de información audiovisual y auditiva que se recibe, “que uno finalmente nunca sabe si son de situaciones ciertas o no, pero ponen en una disposición ansiosa a la ciudadanía”.

Ahora, la sobreexposición también ha abierto la puerta a las noticias falsas, puesto que, así como la gente raras veces verifica la veracidad de un contenido, según los expertos, hay personas interesadas en generar narrativas de terror que buscan confundir y crear más caos en medio de tiempos ya convulsionados.

“Estas estrategias básicamente representan dos problemas: la generación de pánico que surge de la sobredramatización de problemas que, si bien existen, lo que hace la desinformación es agudizarlos para generar zozobra. Por otro lado, está lo que tiene que ver con la generación de relatos que desdicen la realidad, que no muestran realmente lo que está pasando”, manifiesta el investigador social y director del programa de Comunicación de la Universidad Icesi, Mauricio Guerrero.

La profesora Arboleda puntualiza que, debido a todo lo anterior, la opinión pública actualmente se encuentra fragmentada, con unas narrativas de odio que se han apoderado de las plataformas digitales.

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De hecho, Laura Herrera, experta en comunicación política, recalca que lo grave de estos discursos de odio que se están tomando la web es que tienen efectos en secuencia: “Empieza por la discriminación, violencia contra símbolos y física y llega incluso al genocidio. El odio alimentó al Ku Klux Klan y fue el precursor de crímenes atroces como los de la Alemania Nazi, Ruanda, Bosnia y Camboya”.

Es por ello que los analistas también sugieren recurrir, sobre todo en casos de incertidumbre como el actual, informarse a través de medios de comunicación reconocidos porque hacen un buen contraste de fuentes.

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